-Este relato surgió en un momento de inspiración durante este verano. Me baso en algunas cosas que ví en la serie, y otra foronovela publicada, de las que he tomado algunas cosas. Cualquier otro parecido con lo que se vé en la serie, tramas o escenas aisladas, es mera coincidencia de la que me he intentado desmarcar al ver su semejanza.

-Muchos acontecimientos del relato sucedieron en la vida real. Otros no. He intentado cuadrar datos de la mejor manera posible, aunque es probable que haya algún pequeño lapsus de fechas y lugares, en parte por mi desconocimiento de una época que no la viví directamente, y en parte por las licencias necesarias que me he tomado para contar la historia que quería contar.

-El título del relato, “ENSÉÑAME EL CAMINO DE VUELTA”, está sacado de uno de los capítulos de la 3ª temporada. Son las palabras con las que Camilo, en la serie, cierra su novela “Si tú me dices ven”, cuyos protagonistas, Natalia y Guillermo, estaban inspirados en Alicia y Álvaro. En la dicha novela, Natalia, después de un rechazo, vuelve al aula donde se conocieron, para encontrarse con Guillermo, quien le dice esas palabras bajándose de su tarima y reconciliándose ambos, cerrando la historia de amor .


En uno de los capítulos de la serie, Alicia y Álvaro leen de noche cada uno en su casa ese mismo fragmento, emocionándose ambos a la vez al leer esas palabras.
Se puede leer de nuevo en el Capítulo 44 del relato, en el que una Alicia Peña vuelve a recordar de nuevo ése momento, ya en el año 1.969.


-En algunos momentos los capítulos se ilustran con fotos. Las he encontrado en la red y he seleccionado las que me parecían más adecuadas o con más calidad artística para la historia. He intentado asegurarme que no estuvieran protegidas o fueran de uso privado. Agradezco de antemano a quien las haya subido a la red, sobre todo algunos montajes bastante buenos. Cito en cada capítulo las páginas de las que las he obtenido por respeto a su autor y a su trabajo.



Pincha aquí para acceder a los capítulos 10 en adelante.

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Capítulos 6-7-8-9-10

Capítulo 6:

Madrid, Febrero de 1951. Una semana después.



-Ya está despertando- dijo una voz de mujer.


Alicia abría poco a poco los ojos, preguntándose donde estaba y qué había pasado. Solo alcanzaba a percibir su cabeza, que le daba vueltas, además de una dificultad notable para respirar, acompañada de una sensación de tirantez en el abdomen. Quería dejarse llevar y volver a dormirse, pero sentía frío, mucho frío, y escuchaba varias voces desconocidas alrededor suyo, que le atosigaban y no la dejaban tranquila.
-Venga, se tiene que despertar ya –dijo alguien mientras la sacudía por los hombros.
-Alicia, abre los ojos- la voz de la enfermera con tono imperativo le hizo entrar en estado de alerta.


Se notaba a sí misma mareada y débil, muy débil, como si hubiese realizado un gran esfuerzo. Incluso los pensamientos que se esforzaba en producir le estaban produciendo un gran cansancio. Quiso incorporarse pero no pudo, no tenía fuerzas. Una monjita le arregló las sabanas, que Alicia notaba tiesas y frías. Al ir espabilando, se dio cuenta del dolor tan intenso que sentía, tanto, que tuvo que hacer un esfuerzo para no romper a llorar en ese momento.


-Alicia, estas en el Hospital. No intentes moverte ahora o se te saltarán los puntos. Has perdido mucha sangre y estás débil- la voz de la enfermera le resonaba hueca a Alicia dentro de su cabeza- Aquí tienes una campanilla. Cuando quieras llamarme, tira de ella.


La enfermera le alargó el cordel de la campana, que puso a su alcance, junto a la almohada.


-Quédate tumbada y no hagas ningún movimiento brusco o se te abrirá la herida. ¿Me oyes? Luego vendrá el médico a verte.


Alicia asintió moviendo los párpados, sin despegar los labios.


Aún sin despertar del todo, los detalles se iban hilvanando en su cabeza a medida que empezaba a recordar lo sucedido en las últimas horas. Una punzada en el vientre, que la dobló de dolor en el sofá de casa. La voz de Pedrito llamando asustado a su abuela, y la voz alarmada de Doña Marcela cuando la vio tendida en el suelo. Luego recuerdos vagos, difusos, de la camilla, el médico en el quirófano haciéndole preguntas y las enfermeras preparándola para una operación. Y aunque nadie le había dicho nada, ella no necesitó preguntar para intuir que había pasado.






Y mientras intentaba ordenar las ideas que se le agolpaban en tropel en su cabeza, empezó a sentir una sensación de vértigo, una sensación muy extraña, como de caída en el vacío, sensación que se acentuaba por la debilidad que tenía, y que le provocaba nerviosismo e inseguridad a partes iguales, causándole en su interior una gran confusión y aturdimiento. De repente se sintió sola, muy sola, y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Y notó un vacío interior muy grande, que la hizo estremecer y provocó que su mirada se le empañara.




Quiso mover su brazo pero algo se lo impidió. Algo que le apretaba en la muñeca y el antebrazo y le pinchaba en la vena, causándole dolor cada vez que lo movía e intentaba apretar el puño. Intentó zafarse sin conseguirlo, mientras empezaba a sentir una angustia muy grande que le subía por la garganta, y una sensación de ahogo que le oprimía el pecho mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. Todavía veía borroso y el hospital le llenaba de ansiedad.


-Alicia todo está bien, tranquila, no te muevas….. así… ya está…. Te han puesto suero para que te recuperes antes. Si mueves el brazo podrías partir la aguja, no pasa nada, ya está…. Tranquila, no te muevas, mi niña……


La voz familiar de Doña Marcela sonó como un bálsamo de consuelo en sus oídos. Su suegra empezó a acariciarle la cara muy suavemente mientras le hablaba con suavidad.


-Alicia, hija mía….
A Alicia le empezaron a resbalar las lágrimas por la cara, mientras notaba su cuerpo dando tiritones.
-Me duele mucho..
-Lo sé, hija. Te acaban de poner un calmante. En unos minutos te hará efecto. Ten paciencia, hija mía…


Las palabras maternales de Marcela actuaban como otro calmante para Alicia, que empezaba a dejar salir todas las emociones que se le agolpaban como un nudo y que no la dejaban hablar.


-Llora, llora todo lo que tengas que llorar.
Marcela le hablaba despacio, tranquilizándola, mientras le acariciaba la frente.
-Ya ha pasado todo, ya está. Te pondrás bien.
Alicia tenía un llanto silencioso, solo frenado por el dolor que sentía en el abdomen cuando respiraba hondo.


-Álvaro no sabía nada, ¿verdad?- preguntó Marcela.


Alicia se vino abajo en un sollozo al buscar la contestación a la pregunta de su suegra. Negó con la cabeza. Ni siquiera podía hablar.


-Creía que eran nervios, como estos días han sido tan…..


Doña Marcela asintió cerrando los ojos con paciencia. Sus caricias confortaban a Alicia, que se había entregado a un llanto nervioso que no podía controlar.
-Eso está bien, mi niña, llora, llora todo, necesitas sacarlo……


Doña Marcela había sido espectadora muda y prudente de los últimos acontecimientos que había vivido la pareja.

 
No se sabe cuánto tiempo pasó hasta que Alicia pudo calmarse un poco y reunió fuerzas para hablar. Alicia tiritaba de frío cuando miró a su suegra a los ojos, mientras esta le ponía otra manta y le echaba su abrigo por encima.


-Doña Marcela…
-Dime, hija.
-…¿Cómo está Pedrito?....
-Está bien- le sonrió dulcemente.


Su suegra le seguía acariciando. Ahora le acariciaba el brazo tenso, para que lo relajara.


-Lo he dejado con la tía –explicó-. Se quedó un poco impresionado cuando vio que te caías al suelo, pero ya le hemos dicho que estas bien. Quiere venir a verte, pero no le hemos dejado. Mejor un poco más tarde, cuando estés mas recuperada.


Pedrito ya había pasado por la pérdida de su madre cuando era pequeño, y aunque no tenía recuerdos muy vivos, si eran lo suficiente intensos como para desestabilizarle ante la idea de perder a alguien más en quien el niño hubiera depositado su afecto.


-Doña Marcela…..-Alicia quería preguntar por su marido, pero no sabía cómo. Tragó saliva antes de repetir otra vez su intento de pregunta-. Doña Marcela…..


El silencio de su suegra le hizo pensar que algo no marchaba.
-¿Qué ocurre?- inquirió Alicia, volviendo los ojos para mirarla.
Marcela prefirió decirle la verdad a Alicia que dejar que se imaginara una verdad que no era.
-Alicia. Alicia, hija, escúchame.




Marcela se detuvo un momento. Ella tampoco sabía muy bien cómo empezar.
-Alicia, Álvaro no sabe nada de esto. Ni siquiera sabe que estás aquí. No sabemos que ha sido de Álvaro.
Alicia la miró extrañada.
-Parece ser que el viernes vinieron a llevárselo.
-¿Qué?....
Doña Marcela pensaba que su hijo estaba en la pensión cuyas señas le había dejado Álvaro, hasta que recibieron la llamada que les puso sobre aviso.


-Esta mañana nos han llamado Peñafiel desde Gobernación, en cuanto se ha enterado. Por lo visto, ha sido una sorpresa para él también. Nos ha dicho que ya está en Carabanchel, que lleva varios días allí.


Rafael Peñafiel había sido compañero de promoción de Álvaro. Su trabajo en Gobernación y sus influencias le valieron para mantenerles informados de todas las incidencias relativas al caso de Fernando Rosales, siempre por vía extraoficial, como es lógico. Fue a él a quien acudió Álvaro para conseguir las visitas al reo de él y de su colega Mario Ayala, ahora desaparecido.


-¿Pero de qué se le acusa? Si no ha hecho nada… si ya estuvieron interrogándole y nos soltaron.


Alicia intentaba pensar en términos de lógica legal, pero el estado físico que tenía tras la operación, sumado a su propia tensión nerviosa, hacía que se le escaparan los pensamientos.
-No lo sé, Alicia. Peñafiel ha podido conseguir un pase para que pueda ir a verle esta tarde, pero no ha sido nada fácil. No sé nada más. Intentaré averiguar más cosas. Estamos buscando un abogado, pero es una situación bastante complicada.


-No puede ser…. A Álvaro no…. - A Alicia le entró ahogo de repente.


Marcela le cogió la cara entre las manos y la miró.


-Alicia, escúchame bien. Ahora lo importante es que te recuperes, ¿me oyes?. Necesitas tener mucho ánimo y ponerte fuerte. Y lo demás ya irá viniendo.


Ahora Alicia lloraba sin poder controlarse. Doña Marcela le apartaba el pelo de la cara con suavidad, mientras le hablaba para tranquilizarla.


-Ahora me voy hacia allá. No sé qué me voy a encontrar, hija, ni siquiera sé si me dejarán entrar a verle. Te vas a tener que quedar sola, hasta que yo vuelva. No pasará nada. Tranquila, mi niña.


Alicia asintió, llorando, aunque no podía evitar la sensación de desvalimiento que sentía al tener que quedarse sola en el hospital, estando en esas condiciones. La tía Gertrudis estaba al cargo de Pedrito, así que no había nadie que pudiera acompañarla


Doña aMrcela la besó en la frente antes de levantarse de la cama.


-Doña Marcela…
Marcela se detuvo en el umbral de la puerta.
-Doña Marcela, si le ve… si le dejan verle… dígale que….. dígale a Álvaro que…
Doña Marcela asintió. No hacían falta más explicaciones.
-Se lo diré.


*****************




El guardia cerró la puerta tras ella. Doña Marcela avanzaba por la galería, impresionada por todo el ambiente que iba viendo mientras caminaba. La humedad se le metía en los huesos, y tenía que avanzar contra el tufo a moho y a angustias que chorreaban las paredes.    


Doña Marcela iba avanzando un pasillo tras otro, tras haber dejado una cesta con cosas para su hijo en la habitación designada para ello, y tras haber sido registrada hasta el último dobladillo de sus ropas como si de un malhechor peligroso se tratase. No podía negar que había quedado profundamente molesta y violentada ante la actitud despectiva de los guardias, que la trataron como si fuese un objeto.


Conforme se iba adentrando más y más en la prisión, Doña Marcela se asustaba al comprobar que sus sentidos se afinaban como por arte de magia, y que llegaba a captar como si tuviera un amplificador, todos los sonidos de almas atormentadas que había dentro de aquellos muros
-Por aquí.
El guardia abrió la puerta del cuchitril desvencijado que había para el encuentro de los presos con sus familiares. Una estancia desnuda, con una mesa y una silla puestas de cara a un grueso muro, en el que se abría una reja por donde se asomaban al otro lado los presos que venían por la otra estancia. Marcela se sentó a esperar pacientemente en la silla. Álvaro apareció al otro lado de la reja al poco rato.


-10 minutos-dijo el guardia con voz de pocos amigos y cara de póker.
Doña Marcela se levantó como un resorte.


-Álvaro….
-Mamá…


Por un breve momento, a Doña Marcela se le cayó el mundo a los pies cuando vio a su hijo en esas condiciones. Aunque Álvaro solo llevaba una semana en la cárcel, ya se le notaba el deterioro físico, probablemente acentuado por el estado de ánimo en que se encontraba tras los últimos acontecimientos. Más delgado, lívido y ojeroso, y a medio afeitar, aparentemente, no tenía signos de violencia en su cuerpo, pero Doña Marcela tuvo que aguantar lágrimas de madre cuando vio cuan cambiado estaba para el poco tiempo que llevaba allí. La visión de su hijo en aquel sitio la impresionó profundamente, aunque hizo un esfuerzo para que no se le notase.


-Hijo…..¿Cómo estás?
Madre e hijo se miraron a través de la reja, conteniéndose las emociones.
-Bien, mamá. Estoy bien.


Él también intentó aparentar tranquilidad para no preocupar a su madre, y su madre intentaba lo mismo para no preocuparle a él.
-Álvaro, escúchame bien…
Quería ir al grano. El tiempo volaba en la cárcel justo cuando era más necesario.
-Álvaro, te he dejado una cesta con ropa de abrigo, una manta, varios jerseys gordos, comida…. ¿pasas frío? ¿Cómo estáis aquí?
La mirada perdida de Álvaro hizo ver a su madre la tontería de su pregunta.


-Hijo, quiero que sepas que estamos haciendo todo lo posible por sacarte de aquí. Estamos buscándote un abogado, ya está Peñafiel moviendo las cosas . Pronto vendrán a verte. Te sacaremos de aquí, no desesperes.


A Doña Marcela ya le habían aleccionado de que el tema era muy delicado, las paredes oían, y no podía decir más que lo necesario.
-Mamá, no va a ser fácil.
Por su condición de abogado, Álvaro no era un preso al que se le pudieran dar falsas esperanzas, pero agradecía las palabras de su madre.
-Sí, lo sabemos, pero hijo, no nos vamos a quedar quietos, quiero que lo sepas. No pierdas el ánimo.- Para Marcela era fundamental levantar la moral a su hijo, a quien veía muy mal.
Adivinando los pensamientos de su madre, Álvaro cambió de tema.
-Mamá, ¿Cómo está Pedrito?
Marcela sonrió.
-Está bien. No le hemos dicho nada todavía. Está con la tía. Ahora hay mucho ajetreo en casa.
-¿Y… vosotras?…. ¿Cómo estáis vosotras?
Álvaro no sabía cómo preguntar directamente por Alicia. Pero el silencio de su madre le escamó. Algo pasaba.
-¿Mamá, está todo bien?


Aunque Marcela dudó un momento, al final decidió contarle a Álvaro la verdad desde el principio, antes de que alguien le contase las cosas de otra manera o se enterase por otra vía.


-Álvaro, escúchame bien. No quiero que te asustes por lo que voy a decirte.
Inevitablemente, Álvaro se puso en guardia.


-Álvaro, Alicia está en el Hospital. La tuvieron que operar ayer. Ha perdido mucha sangre. El doctor ha dicho que tiene suerte de poder contarlo, que si llega a acudir al Hospital un poco más tarde no hubiera dado tiempo.


Súbitamente, Álvaro había dejado hasta de parpadear.


-Álvaro, Alicia estaba embarazada. De muy poco tiempo. No pudo decírtelo, ni siquiera ella estaba segura. Nos enteramos todos ayer, cuando tuvo un desvanecimiento y la llevamos al hospital. La han tenido que operar de emergencia. Tuvo una hemorragia muy grande.


Doña Marcela tragó saliva.


- Ha perdido el bebé que estabais esperando.


Álvaro empezó a notar que se le caía la cárcel encima.
-Álvaro, lo importante es que Alicia está ya fuera de peligro, me oyes?
-Pero….cuando……… de cuanto……..


-De muy pocas semanas, hijo. Ahora está muy débil, y no puede moverse de la cama en un tiempo. Se siente mal y le agobia el hospital, pero está recuperándose. Y te echa de menos, Álvaro, te echa muchísimo de menos. Todo va a salir bien, ¿me oyes? . Ya ha pasado lo peor. ALICIA ESTÁ BIEN. El médico nos dijo que hubiera pasado de cualquier manera, que no hubiera salido adelante el embarazo. Parece que venía mal colocado.


Álvaro se había quedado sin habla. Esto sí que no se lo esperaba. De repente, la habitación le empezó a dar vueltas, y sintió que empezaba a perder la noción del lugar y del tiempo, tanto, que no llegó a oir el vozarrón del guardia cortando la visita y levantando a Marcela de su silla para sacarla de allí.


- Se acabó el tiempo. Señora, vamos.


En cuestión de un momento, todo se volvió precipitación y nervios. Los guardias entraban, ellos se levantaban, los guardias estaban por medio, y ellos intentando terminar de decirse las cosas y prolongar siquiera unos segundos más la visita.


-Mamá…..
-Álvaro,
-Vamos, señora, que no se puede quedar más.
-Espere un momento… mamá…..
-Hijo, todo va a ir bien. Alicia está bien.
- Mamá….dile a Alicia… dile que….
-Vamos, fuera.
-Por favor, espere…


-Álvaro… se lo diré… -contestó Marcela cuando el guardia la sacaba por la puerta a empujones, mientras Álvaro se caía derrumbado en la silla tapándose la cara con la mano.




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Esa noche, en el Hospital, a pesar del somnífero que le habían dado, Alicia no pudo pegar ojo.


Esa noche, en la cárcel, Álvaro no sintió el hambre, ni el frío, ni la humedad, ni los ruidos de las ratas por las galerías. Ni siquiera se acordó del dolor de los golpes que le habían dado al detenerle.



Fín del Capítulo 6.



Continuará…..



Fotos Capítulo 6:
Quirófano: http://www.universia.es/portada/actualidad/noticia_actualidad.jsp?noticia=92058
Cárcel: http://www.avaluche.com/spip.php?article386


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Capítulo 7:




Febrero del 51. Al día siguiente.



Como casi todas las mañanas de ese invierno, el día amaneció gris mientras los presos iban saliendo al patio de la prisión. Formando grupos, con las manos en los bolsillos y los hombros con la resignación encima, ocupaban el patio lentamente, igual que se extiende una mancha de aceite por el suelo, buscando los claros donde les daba el raquítico sol del mes de Febrero. Algunos de ellos se llevaban la mano a la boca para toser y estornudar. Ese año estaba siendo especialmente frío y las enfermedades del invierno y la falta de humanidad estaban a la orden del día. Los guardias les miraban de reojo mientras iban saliendo, de pie, con actitud intimidatoria, como siempre.


DE entre el pelotón de presos, uno de ellos se desmarcó del grupo, solo, y se fue a una de las esquinas, donde se apoyó en el muro. No miraba a ningún sitio, andaba sin rumbo, y tan ensimismado estaba en sus pensamientos, que no vio llegar a Diego hasta que se colocó a su lado. Diego se llevó la mano al bolsillo y con una sonrisa cómplice, le preguntó:

-¿Un cigarro?
Álvaro rechazó con la mano el ofrecimiento que le hacía su compañero de celda, pero luego se lo pensó mejor.
-Gracias. Hace mucho que no fumaba
-…. pero hoy lo necesitas.

Álvaro se había sentado en el tranco y miraba perdido al suelo. Aspiró una bocanada y echó el humo.
-¿Problemas, verdad?
Álvaro lo miró interrogativamente.
-No has pegado ojo en toda la noche.

Álvaro se había pasado la noche dando vueltas en el jergón, y  Diego había sentido sus preocupaciones desde su litera de abajo.
-Perdona, no te he dejado dormir… lo siento.
Álvaro se tocaba la cara con la otra mano, con movimientos nerviosos, mientras aspiraba bocanadas de humo.
-Es mi mujer…… está mal…… está en el hospital…. En realidad no sé…. ayer me dijo mi madre que……… -Álvaro sacudió la cabeza. -Perdona, te estaré aburriendo con mis problemas.

Álvaro se sentía un poco ridículo por contarle sus penas a alguien que tenía puesta fecha de caducidad a su vida. Como muchos otros presos sentenciados, su compañero de celda había iniciado la cuenta atrás hacia su último viaje, y estaba en espera del cumplimiento de su sentencia. Diego  había sido detenido por dar soporte logístico a un grupo de maquis en la sierra, y tras el juicio de rigor,  tenía los días contados.  De edad media, unos diez años mayor que Álvaro, había pasado siete de ellos encarcelado, viendo pasar los días entre los muros de la prisión.

 -No, no, no,... no me aburro con nada, Álvaro, me gusta escuchar cosas de fuera- Diego hizo una pausa antes de continuar hablando-.  No quiero sentirme muerto antes de estarlo.
-Antonio, no quería decir eso..… lo siento.. yo…

Ahora Álvaro se arrepentía de callar. Diego le sonrió, tranquilizándole.  Hablaba como un hombre  que hubiera vivido ya nueve vidas, como un hombre sabio que ha pasado por todo, despacio, pero sin pausa, dejando saborear las palabras antes de salir. En otra bocanada de humo, miró con los ojos entornados hacia el mismo vacío al  que estaba mirando Álvaro y se sentó a su lado en el suelo.
-La vida  tiene alegrías, pero también penas. Así nos enteramos de que estamos en el mundo- le sonrió.- Siempre que tú me lo quieras contar, claro.
Álvaro se detuvo un momento  antes de soltarlo de golpe.  El también necesitaba desahogarse.

-Mi mujer- sacudía la cabeza, como si aún no se lo terminara de creer-  ha perdido un bebé que venía en camino. Y yo me enteré ayer de todo. Ahora ella está en el Hospital, y está grave, no está bien, creo… dios mío…

Álvaro levantó la mirada del suelo al vacío.
-Lo siento –Diego  tragó saliva.- ¿El primero?
-No, bueno, sí… el primero de ella. Es mi segunda mujer. Yo tengo un hijo de casi diez años. Su madre murió cuando él tenía cinco-. Era la primera vez que Álvaro le hablaba de su familia a su compañero de celda.

Diego  le tocó el hombro, dándole ánimos.
-Pasará. Y vendrán más, no te preocupes.

Los dos hombres estuvieron un rato en silencio mientras terminaban las colillas de sus cigarros.
-La quieres mucho, ¿verdad?
Álvaro asintió en silencio.
-Cuando salgas de aquí será todo distinto, Álvaro, ya verás. Y superareis el bache.
Álvaro le arqueó la ceja.
-¿Problemas recientes?

Diego  había desarrollado el sexto sentido de quien ha visto ya a muchos presos, ha oído muchas historias y ha visto pasar muchas vidas con final prematuro. El sexto sentido de quien sabe cerca el final de la suya, y ha abierto las percepciones hacia cosas por las que un hombre normal ni hubiera considerado.
-Ahora lo ves todo negro, Álvaro, pero saldrás de aquí.

La seguridad de su amigo arrancó una media sonrisa a Álvaro.
-Si no sabes por qué me han encerrado.
-He visto ya a muchos compañeros antes que tú- por desgracia, Diego  llevaba en la cárcel el suficiente  tiempo  como para saber cómo se las gastaba el Régimen con los presos. -Saldrás, aunque no va a ser nada fácil.   TE van a tener un tiempo aquí. Es probable que lo que quieran es darte una advertencia. Puede que te lleven a las galerías de abajo. A vosotros no os tocan, aunque  no sé que es peor,  si que te den un par de hostias, que al fin y al cabo es un momento, o llevarte abajo.


Diego se refería a las celdas donde tenían a los presos incomunicados. De repente dejaban de ver a algún compañero, y al cabo del tiempo aparecía de nuevo, con la mirada mate y los ojos sin vida, tras haber pasado por los calabozos de abajo. Muchos presos temían aquello más que a las mismas palizas que de vez en cuando y sin ningún motivo, les propinaban los guardias..

-¿Ves a aquel?- Diego le cogió por el hombro y le señaló a un compañero que hablaba a lo lejos en otro grupo.
-¿Quién, a Francisco?
Diego  asintió.
-Le tuvieron más de un mes allá abajo. Cuando salió tenía mirada de loco. Muchos llegamos a pensar  que lo estaba de verdad.
Ambos presos se quedaron un rato en silencio, mirando las evoluciones matutinas de Francisco, otro compañero, en la otra esquina del patio. Habían compartido varias mañanas los tres, hablando de cosas varias. Álvaro no sabía muy bien todavía los motivos exactos de la condena de su compañero, que iba ya para tres años, pero ambos presos habían conectado desde el  primer momento de su conversación, al igual que con Diego.

Ahora Álvaro se tocaba la cara nervioso.  Miraba otra vez a ninguna parte, hacia abajo, antes de seguir hablando.
-El día antes de que me detuvieran… yo me había ido de casa. Habíamos discutido. Era la primera noche que discutimos fuerte. Yo… yo me fui de la cama y pasé la noche en el estudio. Ella ya estaba mal, y yo no me di cuenta…

Álvaro hubiera deseado en ese momento dar marcha atrás una semana.
-…. Ojalá  no hubiera dicho lo que dije….
Álvaro respiraba de arriba, sin poder relajar su cuerpo.
-…. Dios mío… por qué habremos discutido…..

Diego  lo escuchaba en silencio. Álvaro era muy reservado con su vida privada, y se estaba confesando con su compañero de celda. Ni siquiera él se lo explicaba.
-ES muy joven,…… todavía le queda mucho por vivir…

Álvaro recordó en voz alta el cambió que experimentó en su vida cuando conoció a Alicia, y se preguntaba a sí mismo si en su diferencia de edad no le había exigido demasiado  a su mujer, a una Alicia que no había vivido los horrores de la guerra ni las miserias de la postguerra, y que pese a sus pocos años,  ya  había tenido que afrontar situaciones lo bastante fuertes como para arrancarle la ilusión de la juventud a fuerza de palos de la vida. Alicia se había tenido que enfrentar sola a muchos problemas, y, aunque era una joven bastante madura para su edad, no dejaba de tener veintipocos años.

-Hace unos días detuvieron a un antiguo novio suyo. Lo fusilaron.
-Lo sé.


Diego conocía de oídas el tema. Se había comentado en la cárcel, entre los presos. Hay noticias que están en el aire. Movimientos extraños entre los guardias, detenciones nuevas.
-Y ella ha estado a punto de ……dios mío, se podía haber muerto, y yo fuera de casa…. aquí, sin poder hacer nada.
A Álvaro se le volvió a venir encima la impotencia  que sintió cuando enfermó de forma inesperada su primera mujer, para,  después morir a los pocos días.
-¿Tú tienes familia?- le preguntó.
Diego  respiró hondo. Asintió sonriendo, al recordarlos.
-Mi mujer…. Y mis dos hijos. Ahora deben de tener  15 y 12 años.  ¡Anda que no nos peleábamos!…. Era todo un carácter- Diego reía sonoramente, mientras le contaba a Álvaro detalles familiares que tanto le gustaba recordar en voz alta, detalles que le hacían volver a sentirse vivo y a tener ilusión por levantarse otro día en la monotonía de la misma celda de todos estos años, y que le habían permitido mantener una llama viva de esperanza en aquel  triste sitio.

Diego  le iba contando como discutían, discusiones en las que la sangre nunca llegaba al río, y que terminaban con la cama y el colchón de por medio, testigos de la  reconciliación de los esposos. Álvaro sonrió por primera vez en toda la conversación, cuando su amigo le iba haciendo partícipe de sus confidencias.
-Mi padre me dijo cuando me casé: nunca dejes la cama de la mujer, hijo. Aunque esté todo negro- dijo Diego con voz pícara-. Y tenía razón, el joío, jajaja….
Álvaro bajó los ojos al acordarse de  su padre, muerto prematuramente unos años antes de su primera boda con Verónica. Él nunca discutió con su primera mujer, en los pocos años que estuvieron juntos.
Diego  y su conversación  le devolvieron  al mundo de los mortales.
-Me gusta hablar de ellos. Nunca hablo porque nadie me saca el tema, pero tú lo estás consiguiendo. Y lo necesitaba. ¡Ay, mi Mari! Y mis niños, que será de ellos cuando yo…. –Diego  detuvo su frase, con un nudo en la garganta. Súbitamente, su tono de voz había cambiado.

-Asistir a la pérdida de alguien de esta forma es muy duro. Lloras por dentro de rabia e impotencia. Nadie se puede quedar impasible ante la injusticia. -Ahora Diego reflexionaba  en voz alta en voz alta al hablar del fusilamiento de Fernando Rosales, y por extensión, de la aplicación de la pena capital a los reos- LA pena de muerte no soluciona nada. Sólo les sirve para dejar vacías las cárceles. Los gobiernos se ponen a la altura de los asesinos cuando aplican la pena de muerte....
Diego tragó saliva al recordar que él mismo se iba a enfrentar dentro de poco al mismo trance. Álvaro le puso una mano en el hombro. Ahora era su compañero el que necesitaba su apoyo.
-Diego, eres un buen hombre.
-Tú también, Álvaro.
Ambos presos se abrazaron como dos camaradas de toda la vida, en los curiosos vínculos emocionales que se crean al compartir  celda de cárcel. A lo lejos, vieron a Francisco que se les acercaba sonriendo. Casi seguro que venía a continuar la conversación que habían dejado pendiente el día anterior, mezcla de todo un poco, toreros, teatro, literatura y sucesos, aderezado con ironía carcelaria para que las mañanas se hiciesen menos frías o menos penosas, según se quiera mirar.
Al poco rato, los guardias llamaban de nuevo a las celdas.


-Hay que jorobarse….
-A jorobarse tocan…..
-Vamos pa’ dentro.
Los tres  hombres se levantaron pesadamente y entraron con el resto de la fila de presos.  La puerta del patio volvía a absorber la mancha de aceite que antes se había expandido, dejando el patio raso.

Otro día más. Otro día menos.


Fín del Capítulo 7.


Continuará…..

Fotos capítulo 7: http://www.nikonistas.com/digital/foro/lofiversion/index.php/t5274.html



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Capítulo 8:

Febrero del 51. Cinco días después.



-¡Álvaro!


-…¡Eduardo!


Abogado y defendido se abrazaron en la sala de visitas de la cárcel, con una mezcla de sorpresa y alegría a la vez por encontrarse en semejante lugar. Amigos de jóvenes y compañeros de promoción, la vida les había llevado a los dos por caminos diferentes. Ambos habían compartido banco de facultad, salidas de estudiantes y cortejos de novias, así como las lógicas bodas y bautizos que vinieron después. Al terminar los estudios, Eduardo se decantó por la vía penal, mientras Álvaro, uno de los mejores alumnos de su promoción, continuó como profesor en una facultad cuyas tarimas se habían quedado desiertas tras la criba que supuso la guerra y todo lo que vino después, y que necesitaba urgentemente cubrir ese vacío de cerebros con los mejores alumnos que salían de las aulas. Los antiguos amigos y compañeros continuaron viéndose al cabo de los años, manteniendo viva la llama de una amistad sólida que permaneció más allá de los bancos y las tarimas de madera. Eduardo todavía recordaba la mirada perdida que tenía su amigo la última vez que lo vio, ahora hacía cuatro años, en el funeral de Verónica, la primera mujer de Álvaro. Traslados laborales y circunstancias personales ajenas a ellos les hicieron perder momentáneamente el contacto hasta que ahora la vida les volvía a cruzar los caminos de nuevo.


-¡Me alegro mucho de volver verte! Aunque me hubiera gustado en otro lugar y en otras circunstancias, lógicamente.

A pesar de que Eduardo no había visto a Álvaro en todos esos años, le dio la impresión de que su cara desmejorada era producto de los últimos días, y no de los lógicos cambios del paso del tiempo


-¿Cómo estás?

-Bien, bien. ¿Y tú?

-Sentémonos.

Ambos hombres tomaron asiento uno enfrente del otro, con el guardia mirándoles suspicazmente desde la puerta, atento su conversación,. Eduardo sacó el portafolios y la pluma de su cartera, y se dispuso a tomar nota. Pero Álvaro fue el que empezó a preguntar sin poder esperar a que su amigo le dijera nada.

-Eduardo…. ¿Y Alicia? ¿Sabes algo de mi mujer?

-Alicia……Alicia es tu mujer, claro… Tu madre me comentó algo cuando vino a verme. Creo que está bien.


Eduardo no conocía a Alicia ni sus circunstancias. Ahora era el abogado e iba directo al grano.

-Álvaro, necesito que me cuentes todo. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿Qué ha sido de tu vida? Además de volverte a casar, claro. Sigues en la facultad, ¿no?

-Si, sigo en la Facultad..seguía, bueno… ahora estoy aquí metido… - A Álvaro le parecía estar viviendo una situación irreal, un guiño burlón del destino, que en solo una semana había vuelto del revés toda su vida-. Eduardo por favor, escúchame…

Estaba nervioso. Llevaba una semana sin visitas ni noticias de nadie.

-Eduardo … si me llegara a pasar algo…… mi mujer, mi hijo…

En ese momento Eduardo se dio cuenta de su torpeza, seguramente provocada por la inevitable deformación profesional de quien lleva muchos años asistiendo presos en las cárceles. En este caso tan personal, lo primero era tranquilizar a Álvaro y dejar el tema legal para otro momento. De inmediato, salió el abogado y entró el amigo.

-Claro que sí, perdona…..Álvaro, tu madre vino a verme el otro día. Me encargó que te dijera que ¿Alicia? (¿se llama así, verdad?), estaba mejor. Creo que sigue en el hospital, pero me dijo que todo iba bien. Y no me habló más del tema. Supongo que si no me contó más es buena seña. Y luego, lógicamente, nos pusimos a hablar de tu caso. Me puso en antecedentes de lo que pasó y estuvimos hablando un rato sobre los aspectos legales. Al despedirse me dijo que te transmitiera que están todos bien. Que tu mujer sigue en el Hospital, pero está mejor. Y tu hijo también está bien. Supongo que habrá crecido mucho desde la última vez que lo vi, ¿me equivoco?

Álvaro asintió en silencio. Eduardo hubiera podido jurar que se le humedecieron los ojos al acordarse de Pedrito.

- Álvaro- ahora Eduardo se puso un más serio- quiero que sepas que a ella le han denegado las visitas. A partir de ahora sólo te puedo visitar yo como abogado tuyo. Y es muy posible que no me dejen verte más. Escúchame, Álvaro.

Los dos hombres se aproximaron sobre la mesa con disimulo, y Eduardo bajó imperceptiblemente el tono de su voz.

- No hace falta que te diga lo difícil que es este caso. Pase lo que pase y digan lo que te digan, no te lo creas. Nosotros estaremos fuera, por ti.

Álvaro asintió en silencio a su colega.

Eduardo respiró hondo, como midiendo sus palabras.

-Es un asunto muy delicado. No encontraban abogados que se hicieran cargo de esto. Te iban a adjudicar uno de oficio, hasta que tu madre vino a verme. Y yo accedí a tu defensa.

En realidad, era Eduardo quien se había ofrecido a la familia, al llegar a sus oídos la detención de Álvaro.

Álvaro le devolvió una medio sonrisa. Agradecía las noticias de su familia, aunque fueran con cuentagotas. Eduardo siguió hablando.

-Lo menos malo del asunto es el secretismo con el que se está llevando. En la Facultad no han comentado nada. La versión que hay es que tienes una excedencia para preparar un libro. Y esa es la que han aceptado tanto alumnos como profesores. Sólo el Decano y unos pocos más están al tanto. Cebrián se ha hecho cargo de tus clases.

En efecto, la campaña internacional que habían promovido los tres abogados había sido silenciada por la prensa española. Sólo en ciertos círculos se estaba al tanto de según qué movimientos. Y el no revelar la detención de Álvaro era un intento más de tapar fisuras en el sistema.

-Lo que les puso sobre aviso era que estuvieras fuera de casa, Álvaro….Porque esa noche estabas fuera, ¿verdad?

Álvaro apoyó los codos en la mesa y la frente sobre sus manos. –( Ójala no se hubiese ido nunca de la casa)- volvió a pensar para sí.

Eduardo prosiguió con el tema universitario.

-He oído que ya eres catedrático.

-Si. ………bueno.... ahora no sé ni que soy -suspiró.

A Álvaro le resultaba hasta frívolo hablar de sus circunstancias laborales precisamente en ese momento, pero Eduardo estaba insistiendo, tal vez guiado por alguna intuición profesional. Así que Álvaro le siguió la corriente, intentando, a su vez, distraerse a sí mismo.


-La saqué el curso pasado.

-¿Te presentaste tú solo?

-No. Hubo otro aspirante.

-¿Un tal Merino?

-Sí. Julio Merino. ¿Lo conoces?

-Bueno, de oídas.

El apellido Merino ya era conocido en el ambiente de la abogacía leal al Régimen. Pero en este caso era la siguiente generación, el hijo, el que estaba trepando dentro del sistema, tanto por méritos propios como por estar en el sitio justo en el momento justo, aún a costa de pasar por encima de alguien, daba igual quién y cómo.

-Su mujer es….

-Pilar Vázquez de Prada.

-¿La sobrina del Rector?

-LA misma. -Fue alumna mía en primero. Luego me enteré de que dejó de estudiar para casarse. Tuvo un curso agitado conmigo.

Eduardo le miró pidiendo más.

-No le aprobé mi asignatura. Y forcé su evaluación por un tribunal.

Eduardo estaba empezando a atar cabos.

-Álvaro, Merino está moviendo hilos para hacerse con tu puesto en la Facultad. Tenía la intuición de que aquí había algo más.

Álvaro se quedó sorprendido, asimilando lo que acababa de escuchar. Era evidente que se había juntado el hambre con las ganas de comer. La sombra de las altas influencias era alargada. Eduardo volvió a empuñar su pluma, dispuesto a tomar notas.


-Y ahora empieza a contármelo todo desde el principio.

Fín del Capítulo 8.



Continuará…..



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Capítulo 9.


Los civiles temblorosos
Les ataron por la espalda
Para no ver aquellos ojos
Que mordían, que abrasaban.



EL CURA VERDUGO DE OCAÑA

PRISION DE OCAÑA, 1941. (En la clase de Miguel Hernández)



Prisión de Carabanchel. Marzo de 1951.



-¡Vamos!

El guardia abrió la puerta de la celda dando paso a un cabizbajo Álvaro, que venía de la sala de visitas, de hablar con Eduardo, su abogado.

-Adentro.

Álvaro entró de un empujón. Oyó cerrar la puerta pesadamente tras de sí y dándose la vuelta se quedó un rato mirando hacia el pasillo, hasta que el guardia se hubo ido.

Entonces volvió la cabeza, buscando a su compañero de celda. Diego estaba en su litera de abajo, con la mirada ausente y el petate a su lado. Álvaro se sobrecogió al intuir que había llegado el temido momento, y sintió el impulso de sentarse a su lado, en silencio.

-Hasta aquí hemos llegado, compañero…

Álvaro no se atrevía ni a preguntar, como si el verbalizarlo fuera a precipitar lo que nadie quería que pasara.

-Diego….

-Álvaro… te quiero pedir un último favor.

Su compañero hablaba sin mirar a ninguna parte.

-Lo que quieras- le puso la mano en el hombro.

-Quédate conmigo esta noche, Álvaro. No quiero estar solo. Necesito que alguien me hable y me cuente cosas. Cualquier cosa, lo que se te ocurra… ayúdame a matar el tiempo.

-Eso ni lo dudes.

-(Quien podría pensar ahora en nada…….)- pensó Álvaro.

Diego intentaba no dejar translucir el vértigo en su rostro. Quería entretener su mente en algo distinto. Intentó sonreir.

- Cuéntame cómo va lo tuyo. Vienes de ver a tu abogado, ¿no?

Era la segunda visita de Eduardo. En ese momento, ninguno de ellos sabía que sería la última.

-Pues….en realidad.., no sé muy bien como. Me han dicho que me han cesado en mi trabajo, no puedo recibir visitas de mi familia… y mi mujer…

A Álvaro se le hacía un nudo en la garganta al recordar a Alicia, pero intentaba sonreir para entretener a su amigo.

-Me ha dicho el abogado que está mejor, que ya ha salido del Hospital…. Está en casa ya, aunque dice que muy débil aún… que está en la cama… no sé si…

Álvaro quería aparentar normalidad aunque era difícil en una situación así. A él mismo se le estaban viniendo de golpe las emociones a la garganta, y no era solamente al recordar a Alicia.

-Y tú no sabes si te están diciendo la verdad, o lo dicen para que estés tranquilo- Diego le terminó la frase, volviendo su mirada hacia él.

Álvaro asintió en silencio, mientras Diego seguía.

-¿Sabes? Los de fuera piensan que es mejor no contarnos lo malo que les pasa, y en realidad lo que hacen es preocuparnos más. Ellos piensan que lo hacen con buena intención, pero es todo lo contrario. Es imposible que no nos demos cuenta cuando algo no funciona.

Diego tenía razón. La angustia por saberse engañado era insoportable para los presos. Las mentiras piadosas a veces les dolían más que las mismas verdades, por dolorosas que fueran.

Álvaro tenía dudas sobre si lo suyo eran mentiras piadosas o era la verdad. Y los minutos en la cárcel se hacían eternos cuando las dudas sobre los que quieres te embotan la mente y te ofuscan la razón. Si tu único lazo con el mundo exterior te hace tener dudas, a los presos les supera la angustia y la impotencia por no poder hacer nada.

-No sé ni cómo están apañándoselas. Si tienen suficiente, si les falta algo… no sé nada de ellas..

Eduardo le había dicho a Álvaro que estuviese tranquilo en ese sentido, que él se estaba haciendo cargo, pero Álvaro intuía que algo estaba pasando.

Efectivamente, a Álvaro no le faltaban razones para su desasosiego. Lo que Eduardo no le había dicho era que la policía se había presentado en casa de su madre, y posteriormente en el Hospital, buscando a Alicia. Y que si no llega a ser por la intervención rápida y enérgica del médico y de él mismo, la policía se la hubiera llevado con el camisón del Hospital y los vendajes de la operación hasta la misma Puerta del Sol.

-Esta paciente está aún recuperándose. Si la mueven de aquí no llegará a mañana-dijo el médico.

-No tienen ninguna orden para llevársela. Tienen ya a su marido en la cárcel. ¿Qué tienen que temer de una mujer que no puede ni levantarse de la cama?-les espetó el abogado.

La firmeza y el temple de Eduardo, más curtido en temas legales, amedrentó a la policía. Se fueron sin Alicia, lo que no evitó que a esta se le volviesen a saltar los puntos debido a las sacudidas de los policías. Alicia tuvo que ser otra vez intervenida. Aunque sí era verdad que había salido del hospital. Marcela no quiso hacer más abultada la factura del Hospital, y en cuanto vio que Alicia podía ser cuidada en la casa, pidió el traslado.

Álvaro y Diego continuaron hablando durante toda la noche. Hablaron de mil cosas, de familia, de recuerdos, de la mili, ya pasada, hablaron hasta de poemas y canciones de juventud. Hasta que cerca del amanecer, a Diego se le puso el gesto grave.

-Álvaro, necesito que me hagas un último favor.

-Sabes que sí.

Diego se llevó la mano al bolsillo. Sacó un papel doblado.

-Esta es una carta para mi mujer. Sé que no le va a llegar a ella si la mando desde aquí. Quiero que la lea, Álvaro. Pero no te dejaran sacarla de aquí.

Diego no se atrevía a pedírselo directamente a Álvaro.

-Te prometo que tu mujer leerá esta carta. Aunque me la tenga que aprender de memoria. Y tu familia no estará sola, no te quepa duda.

-Gracias, Álvaro, eso era lo que quería oir. Confío en ti.

Diego se le echó al hombro muy afectado. Ambos hombres estuvieron un rato en silencio, abrazados.

-¿Sabes qué es lo que me gustaría tener por última vez?

-Diego……

-Me gustaría poder verla. Me gustaría poder ver sus ojos. Y mis hijos, ¿sabes?, hace tres años que no los veo… ojalá pudiese verlos antes de irme. A todos ellos. Ojalá pudiese ver a alguien. Cuando pienso que lo último que voy a ver va a ser el guardia apuntándome… Ojalá el cielo esté azul para que yo lo vea mañana…..

Álvaro le iba dejando llevar la batuta en la conversación, por momentos superficial y por momentos profunda. Saltaba de un tema a otro con rapidez pasmosa. El condenado a muerte estaba pasando revista a su vida entera y Álvaro iba siguiendo sus palabras, y se quedaba asombrad al ver cuan relativo era el valor de según qué cosas en según qué momentos. Y mientras Diego pasaba revista a su vida, Álvaro paralelamente pasaba revista a la suya, a todos los últimos acontecimientos vividos, preguntándose interiormente que habría pasado si hubiera hecho o si hubiera dejado de hacer según qué cosas, lamentándose de unas o celebrando otras. Uno en voz alta, y otro con el pensamiento, el amanecer les sorprendió haciendo balance común de toda su vida.

A los dos hombres se les cayó la cárcel encima cuando oyeron acercarse por el pasillo los taconazos de los guardias.

-¡Vamos!

Con dificultad, Diego se levantó de la litera. Las piernas le temblaban. Álvaro le ayudó a sostenerse. Los dos hombres se quedaron mirando un rato a los ojos hasta que se fundieron en un abrazo de despedida.

-Diego, con la cabeza alta…

-Mucha suerte, Álvaro…

Diego se agarraba a la camisa de Álvaro, en un último y desesperado intento por aferrarse a la vida, hasta que los guardias le prendieron por los brazos. En sus últimos momentos, su amigo tenía el pánico reflejado en su cara mientras mantenía su mirada suplicante clavada en Álvaro. No me dejes ir, no dejes que me lleven, parecía decir. No sigais, parad, parecía decir Álvaro,  como si quisiera sostener a su amigo con su mirada, y solo con su mirada levantarlo en volandas y sacarlo de allí, lejos de la barbarie y la sinrazón de alguien que se adjudica la capacidad de decidir sobre las vidas de los demás y llevárselas por delante.

Los guardias le cogieron entre los dos y le sacaron de la celda. La puerta se cerró pesadamente mientras Álvaro se acercó a la puerta, como intentando traspasar los barrotes de la celda, sosteniendo la mirada de su amigo con la suya, hasta que dejó de verle, perdido en el fondo de la galería.







Luego se quedó un rato con los ojos cerrados y la cara entre los barrotes. Y por segunda vez en muchos años, sintió la impotencia y la amargura brotando de sus ojos, mientras bajaba la cabeza y la hundía entre sus hombros.



El día había amanecido claro. El cielo estaba azul.

Fin del Capítulo 9.

Continuará…





Foto capítulo 9:
http://radiografiamundial.com/rmblog/wp-content/uploads/2008/08/cub4.thumbnail.jpg



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Capítulo 10:

Madrid. Prisión de Carabanchel. Marzo de 1951.



-Oiga, ahí está pasando algo.


Francisco advirtió a uno de los guardias de la prisión los movimientos extraños, o más bien la ausencia de ellos, que observó en una de las celdas de aislamiento, de la que él y varios presos más se encargaban de retirar los cubos, trabajo demasiado ingrato para los guardias de la prisión, y de vez en cuando, dejarles y retirarles las bandejas de la comida.
Hacía más de una semana que Diego había sido ejecutado, y desde ese día, habían dejado de ver a Álvaro en sus salidas al patio, como era costumbre. Aunque en principio pensó que podía ser algo momentáneo relacionado con ello, su ausencia en los días siguientes y los comentarios de otros presos de la misma galería no habían hecho sino confirmar sus sospechas: su compañero de patio, su compañero de las tertulias mañaneras con las que los tres hombres espantaban la monotonía del encierro, no estaba allí. Álvaro había sido trasladado.


La experiencia carcelaria de Francisco, que ya iba para tres largos años, aunque al lado de otros compañeros le parecía sumamente corta, y no podía por menos que admirar a los que llevaban desde la guerra sobreviviendo en las inhumanas cárceles franquistas, le decía que Álvaro estaba en las galerías de abajo, al igual que le pasó a él mismo cuando le detuvieron. Y por un momento no supo si el escalofrío que le recorrió la espalda fue producto del frío húmedo de la mañana del recién estrenado mes de Marzo, o bien por los recuerdos que le habían vuelto a la cabeza. Recuerdos que le despertaron toda su solidaridad carcelaria al imaginar por la que estaría pasando su compañero.


Él mismo, hacía tres años, había sufrido en carne y alma propias el rigor de las celdas de aislamiento por las que pasaban algunos reclusos. El Régimen era bastante sútil con según qué presos, y, si bien no aplicaba con ellos la violencia física, si eran especialistas en otro tipo de castigos. Como decía el desaparecido Diego, a un catedrático universitario no le iban a moler a palos, pero no sabía que era peor. El aislamiento dejaba a los hombres con mirada de locos por un tiempo, la cabeza desquiciada y la voluntad aparentemente anulada. Algunos tardaban varios días en volver a hablar al salir de allí. Celdas con un ventanuco estrecho, en el mejor de los casos, la puerta que nunca se abria en todo el encierro, el sol que nunca entraba, y en algunos casos, la luz que nunca apagaban. En esas pésimas condiciones de habitabilidad e higiene, las voluntades más firmes acababan por tambalearse, si antes no habían caído enfermas de gripe o de la tan temida tisis, que ese frío invierno había hecho estragos entre los reclusos.


Y era el segundo día que en esa celda no tocaban la bandeja de comida. Francisco no estaba seguro de quien era el habitante de aquel lugar, pero sospechaba que era su antiguo compañero de patio, o eso le había parecido al escucharle toser y respirar. Y estuvo tentado de decirle algo a través de la puerta, pero desgraciadamente, los guardias no le quitaban el ojo de encima en ningún momento. Francisco solo podía dejar los cubos e irse.


Ante sus requerimientos, el guardia abrió la puerta, farfullando con desgana.


-Malditos rojos de ......


Francisco no pudo evitar volver a sentir otro escalofrío al asomarse con la mirada al interior de la celda que había abierto el guardia. La luz de la bombilla no hizo necesario ningún esfuerzo para que los ojos mirasen dentro de la estancia, y así poder volver a ver con horror, las paredes negras de moho, el ventanuco por donde entraba el agua de lluvia, y el suelo encharcado donde yacía un hombre acurrucado sin moverse. La celda de aislamiento no tenía ningún mobiliario, salvo el cubo que servía de letrina y la bandeja que estaba en el suelo, intacta desde el día anterior. Francisco no había errado con sus presentimientos. El hombre que estaba allí era Álvaro.




-Levanta- el guardia le propinó una patada en la espalda con su bota de clavos, que Francisco sintió como suya propia y que a Álvaro no le produjo la más mínima reacción-. Vamos, tanto cuento que teneis....


Muy despacio, como temiendo la reacción del guardia ante su osadía, Francisco entró en la celda. Se agachó y le cogió de la cabeza, que se le mojaba en el charco del suelo.
-Está ardiendo- musitó al tocarle la frente.


El guardia salió de allí refunfuñando para llamar a un superior, mientras Francisco cogía el vaso de agua de la bandeja y lo acercaba a los labios resecos de Álvaro.


-Vamos, vamos, no te rindas ahora, aguanta.


El agua ni la tocó.


Pronto aparecieron por la celda el jefe y dos guardias más, que le apartaron de un empujón. Se retiró a una esquina, mientras miraba como observaban a Álvaro, sin atreverse a tocarle.


-Rojos de mierda, tener que morirse aquí....


Al poco rato apareció el médico. Le buscó el pulso y le tocó la frente.
-A este hombre hay que llevarlo a la enfermería de inmediato -ante las caras de duda de los guardias, el médico se mostró contundente –. Si pasa otra noche aqui con esta fiebre, no respondo de él.


La alarma del médico hizo reaccionar a los guardias.


-Cógelo- le dijeron a Francisco, que al ver que él solo no podía cargar con el peso en vacío de 180 cm. de hombre., le hicieron llamar a otro preso para ayudarle. Los dos hombres cargaron con Álvaro.


-Venga, para fuera con él.


El médico iba abriendo camino hasta la enfermería de la prisión, mientras Francisco y el otro compañero lo llevaban en volandas, con la cabeza colgando sobre su pecho.


En su fuero interno, Francisco se alegró de ver allí a Álvaro. Aunque la enfermería de Carabanchel no era un hotel de lujo, precisamente, sí estaría en otras condiciones. Allí al menos tendría un colchón seco, mantas de lana y tres comidas calientes al día.


Por indicación del médico, los presos ayudaron a quitarle a Álvaro las ropas húmedas, y a ponerle un pijama seco, mientras el médico preparaba paños fríos para ponérselos en la frente.


-Tiene que volver en sí, debe tomar la medicina y beber líquido- el doctor le daba en la cara, esperando que reaccionase. Francisco le pasó uno de los paños mojados por los labios y los ojos, en un intento humano de quitarle las legañas acumuladas y las costras resecas de la deshidratación. Álvaro reaccionó el agua fresca en la cara y quiso abrir los ojos.


-Bebe, bebe....


El enfermo revivía poco a poco, mientras le ofrecían el agua en al vaso, con la medicina diluida dentro. Cuando se le acabó, busco más agua, con la boca seca y el gesto desesperado.


-Álvaro, -le habló el médico le hablaba con la voz firme, para que le llegara- estás en la enfermería. Aquí te vas a poner bien. Debes de hacer todo lo que te diga.


La voz firme del médico iba haciendo su efecto en el enfermo, que seguía bebiendo agua lentamente, e intentaba abir los ojos.


El médico no perdía tiempo. Por desgracias, había tenido que certificar muchas muertes entre aquellos muros. Hombres que enfermaban de tisis, de gripe, de hambre, de frío, o simplemente, de desesperación. Hombres que se dejaban morir sin más. Y sabía que en circustancias así, lo primero era insuflarle al enfermo las ganas de vida.


Álvaro recordaba, en su delirio, la voz del médico diciéndole lo mismo:

-Vamos, aguanta. Tu familia está fuera esperándote. No vas a ser el primero que salga de aquí.

(Tampoco iba a ser el ultimo en morir en la carcel, por desgracia)- pensaba el médico para sí, mientras intentaba que el enfermo levantara cabeza.

Y Álvaro, enmedio del delirio febril, abría los ojos y miraba al vacío.

-Te esperan fuera, y están esperando que te cures. No los puedes dejar solos. Ahora no.

Y en las pocas fuerzas de las noches con fiebre, a Álvaro se le venían a la cabeza las imágenes difusas de Alicia y de su hijo Pedro, así como de su madre, y se preguntaba que sería de ellos y que estarían haciendo en ese momento.


-Pedro... hijo mío...-y el enfermo deliraba sollozando en voz alta sin que nadie lo oyera, mientras se hincaba de uñas en la almohada.


Álvaro tiritaba mientras recordaba a su hijo, entre pesadillas febriles en las que soñaba que habían muerto, o que venían a llevárselos para no verlos más, como tantas veces le habían dicho los guardias a través de la puerta, en un intento de socavar la moral del preso. Luego caía rendido agotado por el delirio, hasta la mañana siguiente.


Francisco dejó de ver a Álvaro desde el día en que le llevó a la enfermería. Se alegró al ver que la celda no era ocupada de nuevo por él en unos cuantos días, seña inequívoca de que Álvaro seguia allí. Aunque también era seña inequivoca de una recuperaciópn mas larga de los esperado, señal a su vez de una enfermedad más seria. En la cárcel no regalaban los días fuera de las celdas, y en cuanto los presos podían sostenerse en pie, los mandaban de nuevo a ellas.


En efecto. A la semana siguiente, la celda de Álvaro volvió a ser ocupada. Imposible saber por quien, pero Francisco alcanzaba a oir los crujidos de unos muelles metálicos por detrás de la puerta, cuando pasó a retirarle el cubo y a dejarle la bandeja del desayuno.


-Por lo menos no duerme en el suelo- pensó.
No se equivocaba. En la prisión no iban a dejar que el último catedrático de Derecho Romano de la Complutense muriese dentro de sus muros. Álvaro seguía en la celda de aislamiento, aunque en un rasgo de humanidad sin precedentes en las cárceles franquistas, le habian puesto una cama y un colchón. En otro extraordinario rasgo de generosidad, le proporcionaron las mantas que le había llevado Doña Marcela a su hijo, en la única visita que le habían permitido tener. Algo era algo. La bombilla de la celda colgaba seguía colgando sobre él encendida día y noche.


Con las fiebres ya pasadas, Álvaro iba recuperándose todo lo rápidamente que le permitia la carcel. Uno de los días, al recibir su bandeja del desayuno, escuchó que le daban unos golpes furtivos en la puerta.


Intrigado, se aproximó a ella.

-Compañero,............... estamos todos fuera esperándote.

La voz velada de Francisco le daba ánimos desde el otro lado. Éste, había aprovechado un descuido de los guardias para hacer llegar palabras de ánimo al preso. Francisco sabia por experiencia propia cuan importante era el apoyo de los camaradas en momentos así.


Álvaro recibió la bandeja y la taza con el engrudo de gachas frías que le servían como desayuno. Y al lado de ella, vio unos cantos de pan negro y duro, que Francisco, sin duda, burlando la vigilancia de los guardias, había conseguido esconder a la hora de la comida y ponérselos en su bandeja para el día siguiente.


Emocionado al oir la voz de su compañero después de tantos días solo, resbalando la espalda por la puerta, se sentó en el suelo al lado de la comida. Entonces agarró el canto de pan duro, mientras empezó a entrarle una risa nerviosa que le mutó a llanto en un segundo. Y como poseido por una fuerza extraña, que le hacía superar su asco por la bazofia que le servian de comida, y le empujaba a sobrevivir sacándole el máximo jugo a todo, se lo llevó a la boca y empezó roer con fuerza.


Fín del Capítulo 10.

Continuará.........



 Foto Capítulo 10: http://blogs.ya.com/locodelacolina/files/carcel.jpg




COMENTARIOS CAPÍTULOS 6-7-8-9-10:

86 comentarios:

Maria dijo...

CAPÍTULO 6.

Agradecimiento a Sacha y Pipi por ayudarme con los detalles legales de los siguientes capítulos.

clavemas dijo...

María, ¡EXCELENTE! ME HA ATRAPADO EL RELATO COMO LOS 5 ANTERIORES, AUNQUE ESTE TIENE MUCHA ACCIÓN Y SE LAS TRAE!! Qué triste! pobre Alicia pasarle nada más ni nada menos que perder un embarazo! Y él, pobrecillo entre rejas, rodeado de ratas y en un lugar por demás lúgubre!! Me he quedado triste pero expectante por la continuación del relato que está siendo ESTUPENDO!! Gracias María por tu ingenio e imaginación.

sacha dijo...

MARIA, SUBLIME EL CAPITULO, HAS DESCRITO MUY BIEN EL AMBIENTE DE LA CÁRCEL, DE LA ÉPOCA CUANDO LOS ACONTECIMIENTO DICURREN,. EN LOS AÑOS POSTERIORES NO CAMBIO MUCHO..

GRACIAS POR ESTOS RELATOS CON ESTA NARRATIVA TAN BIEN ESTRUCTURADA.

isabelmerino dijo...

María, extraordinario el capítulo, doña Marcela es una mujer excepcional, de esas mujeres que vivieron la guerra y sufrieron tantos avatares que les hicieron fuertes de espíritu, luchadora ante la adversidad, generosa en sus afectos, entregada a su familia, María, que bien la has descrito, resulta tan real. Y que triste la situación de ambos esposos, Alicia pierde a su primer hijo y Alvaro en la cárcel, ¡que soledad, que tristeza!, María, se me ha partido el corazón.

Fanálvaro dijo...

AAAAAHHHHH!!!!! María!!!
Me ha encantado!!!!
Qué gusto da el virus iniesta, dotado de poder de inspiración y superación!

Expresas los sentimientos de una manera tan gráfica y precisa que parece que los esté sintiendo el mismo lector.
Y vaya sentimientos chica! Porque anda que no nos estás haciendo sufrir.
Suerte que sabemos que acaba bien porque sinó no aguantaba yo tanta desgracia.

La descripción final del insomnio sufrido por ambos, es preciosa, es que es para ponerte en la piel de cada uno y sufrir con ellos. No hace falta que escribas lo que estarán pensando.

Con este dramatismo que le confieres, imagino cómo puede ser de emocionante el momento del reencuentro. La de cosas que se dirán! Ainssssss...

Gracias por continuar, y MEJORAR, nuestra historia favorita!

elenapita dijo...

maria, mil gracias, impresionante capitulo

Azalea dijo...

MARÍA.impresionante,precioso,interesante...PERFECTO. Te tendrían que contratar como GUIONISTA,que no lionista,lo haces mejor que los actuales.Sigueeee,esperamos el siguiente con ansia.GRACIAS.

pipi dijo...

MARÍA TENGO UNA SENSACIÓN CARABANCHEL DENTRO DE MI QUE NO TE IMAGINAS ¡QUÉ IMPRESIÓN ME HA DADO EL CAP,DE PRINCIPIO A FIN!EXCELENTE NARRATIVA Y MEJOR RITMO.UN BESAZO.

Maria dijo...

GRacias a todas. ME alegro que os haya gustado!

ainhoa dijo...

María, me ha encantado el capítulo. Has planteado con mucha emoción la preocupación por el otro que van a tener a partir de ahora, la angustia de no poder compartir su dolor, encima después del desencuentro. Bueno, te ha quedado precioso. Ya estoy deseando que cuelgues el siguiente, no lo demores mucho.

Slayer is watching dijo...

María, tu historia me ha engancjado aún más si cabe y hasta el personaje de marcela me cae bien (en tu relatom eso sólo en tu relato, jajaja).
Muy hermoso ese Te quiero sin pronunciar.

Maria dijo...

Muchas gracias.
Slayer! me alegro de verte por aqui!!
Un placer. Tu relato tambien es magnífico ;)

purivilla dijo...

MARÍA MUY BUENO EL CAPÍTULO,PERO TAMPOCO TE PASES Y NO HAGAS SUFRIR MUCHO AL BELLO,HAZ EL FAVOR DE SACARLO CUANTO ANTES DE LA TRENA PORFA.

Slayer is watching dijo...

Y me he hecho seguidora tuya, jejeje!

Maria dijo...

GUAY!!!!

Isabel dijo...

MARIA - Qué decir de tu relato que no hayan dicho ya, estaba deseando leerlo y me ha dejado anonadada, que bien explicadas las emociones, el comportamiento de Marcela persona maravillosa donde las haya, y el final con el insomnio de los dos precioso. Sigue pronto que nos tienes en ascuas.

Maria dijo...

GRacias, apm por tus palabras,, pero tu comentario está en el sitio equivocado. Fijate despues del capi 6, ahí es donde va.
Mas que nada, porque sino, no lo va a ver nadie.
Un beso ;)

apm dijo...

María, te dejé un comentario que veo que no me ha salido !ahy con la informática!, enfin, te decía -te digo ahora-, que me encantó este 6º capítulo, pese a los escenarios adversos del hospital y la carcel, pero... nunca la vida es siempre un camino de rosas ¿verdad?, especialmente me gustó ese final de los dos con los ojos como platos, sin dormir, cada uno pensando en el otro.
Espero, como las demás, tu próximo relato... por favor que no tarde... millonazo de gracias.
Un besote, de esos supergordos.

Maria dijo...

Apm, tu comentario si que salió, epro en el sitio equivocado. fijate despues del capitulo 5, donde pone comentarios. Allí salió el tuyo, y yo te contesté.

Los comentarios de los capitulos 6 al 10, van en este post porque es otra entrada del blog distinta.

Muchas gracias por tus palabras. Con lectoras asi es muy facil inspirarse.
El capi 7 está terminando de cocerse. Pronto estará.

Un abrazo!

apm dijo...

María, sí, ya lo ví...
pero vamos, que las gracias a tí, por supuestisimo !como no!.
Esperando el 7, ya te contaré.

Un besote, de esos la mar de gordos

Maria dijo...

CAPÍTULO 7.

Disfrutad ;)

amaran dijo...

Mariaaaaaaa! Que bueno tu relato; has explicado de forma extraordinaria, lo que era y como se "no vivia" en una cárcel franquista. Muy bien expuesto y perfectamente estructurado. Gracias a tí, cada día me gusta más el personaje, aunque si te soy sincera, núnca me cayó mal. Gracias Wapa!

Fanalvaro. dijo...

Gracias María! Pero me has dejado con ganas de más... De verlos de nuevo juntos y con su amor aumentado por las últimas experiencias que están pasando.

Slayer is watching dijo...

Me encanta como describes la camaradería que hay entre los presos y la imagen de Diego, ese hombre sentenciado... genial, parecía que lo estaba viendo.

Maria dijo...

SE me olvida!

GRACIAS A SACHA Y PIPI por los detalles legales y carcelarios.

GRacias a todas. Amaran y Slayer, es una alegría veros por aquí! ME alegro que os guste.

pipi dijo...

Hay que jorobarse María,como tu misma dices,lo corto que se me ha hecho.Ya sé que es más difícil componerlo que leerlo pero es tan tierno,tan bonito que apetece mucho más.Espero sigas pronto y no te quiero agobiar pero yo leería de éstos varios por dia.Jajajajaj. Un beso.

Isabel dijo...

María por fin he podido leerlo, me ha encantado, que bien explicada la camaradería que hay entre presos y cómo se duele Alvaro por haberse ido de casa después de la discusión y no estar ahora con su mujer cuando le necesita.

sacha dijo...

MARIA, Precioso, cada vez lo haces mejor, te superas, Jodr--.. me has emocionado, NO VALE!... GRACIAS POR ESTOS RELATOS TAN LLENOS DE TERNURA, y también construídos.

clavemas dijo...

MARÍA- Muy bueno! que realismo le das al relato, te destacas realmente!! Pero..... es que me ha resultado muy corto.....y eso tiene dos lecturas: porque es muy bueno y porque no veo la hora del reencuentro. Así que por favoooor, el 8vo. capítulo lo antes posible!!!
Felicidades! Un beso!

Azalea dijo...

Jo María,estoy alucinada,es genial y estoy viendo a Álvaro en la cárcel,se visualiza todo de maravilla,¡¡¡es tan real!!!
No es por meterte prisa jeje pero,QUEREMOS MÁS.Un beso y gracias por estos momentos tan buenos.

ainhoa dijo...

María, he estado el fin de semana fuera y lo primero que he hecho hoy lunes al entrar en el ordenador es leer tu relato que sabía que habrías colgado. Pobre Álvaro!! lo has dejado con el ánimo tan decaído que parece una manta mojada. Pero emociona tu relato, el personaje y sus reacciones son de lo más creíbles, Qué ganas de que cuelgues el próximo!!

isabelmerino dijo...

MARIA, ¡impresionante!, cuanto dolor y que tristeza tan grande transmite el ánimo de Alvaro, cuanto arrepentimiento por haberse alejado del hogar y no haber estado allí cuando su esposa más le necesitaba, su corazón se rompe al pensar en ella. Me ha parecido precioso, María, pero, por favor, ¡que haya un rayo de luz para Alvaro!, a mí sí que se me rompe el corazón al ver el sufrimiento de Alvaro.

8 de febrero de 2010 00:31

Maria dijo...

GRacias a todas.

apm dijo...

María, felicidades por este capítulo 7º, está muy bien definido y transmite tristeza, impotencia y amargura, que eran los sentimientos que debían barajar los presos en las cárceles franquistas de la época ¿no te enfadas si te digo que sabe a poco, verdad?, así que por fa, continua relatándonos (sí, ya sé, es muchísimo más fácil leerlo que escribirlo, -es verdad- pero dicho ésto y reconociendote todo el trabajazo y el mérito, continua por fa) y espero que el paso por la prisión de Álvaro sea breve, después de todo él está limpio.

Un besote María, uno bien gordo

Maria dijo...

GRacias, apm, por tus palabras!

myolanda dijo...

57castrillo
Hola Maria me ha encantado tu novela desde el primer episodio.
Aunque no escribo en el foro, sigo la serie desde el principio y me encanta la historia de Alicia y Alvaro y la vida que construyeron juntos.
La verdad es que estoy deseando leer la continuacion.
Y pienso que la deberiais publicar cuando la termines.

Maria dijo...

GRacias, myolanda, me laegro que te guste!
Pronto vendrá la continuación. Solo estamos en el principio.

Maria dijo...

CAPÍTULO 8.

purivilla dijo...

MARÍA POR DIOS NO LE HAGAS MUCHO DE SUFRIR,QUE YO TAMBIÉN SUFRO¡SÍ SERÉ TONTA, PA MATARME.

sacha dijo...

MARIA, TERMINO DE LEER TU CAPITULO, y no he podido evitar algunos recuerdos allá por 1975, creo que desde la época que describes el relato a esa fecha no cambio nada este país.

CRACIAS POR HACERNOS ESTE REGALO TAN MARAVILLOSO Y LA VEZ TAN REALISTA DE LO QUE PASABA..

Me ha parecido muy bueno, como siempre me quedo con ganas de más. lO DE PILUCA GENIAL PARA LLEVAR EL HILO DE LA HISTORIA, MUY BIEN CONSTRUIDA.

Slayer is watching dijo...

Me encanta que hayas sacado el tema del "amiguismo"... pagaron muchos por haberse hecho enemigos de quien no debían. El pez gordo aplastando al de al lado para lograr sus propósitos, algo que en ese régimen, que basaba las detenciones en sospechas era más que habitual.

No te pongo un 10, María, te pongo un 11!!!

pipi dijo...

Buenísimo María lo de Merino,marido de la Piluca no me lo esperaba¡Me has sorprendido gratamente!Me estoy empezando a involucrar en tu relato.Espero sigas dándome "sustos".MUY BUENO

Azalea dijo...

Estupenda MARIA,hay sensación de veracidad,como si ésto fuera en realidad la continuación real de la historia que nos dejaron a medias. Muy interesante. GRACIAS

isabelmerino dijo...

MARIA, extraordinario el capítulo, eres muy buena hilando los entresijos de la política con los del poder para que unos paniaguados lograran sus ambiciones; me alegro que mi apellido te haya servido, pero chica, hubiera preferido que le hubiera servido a un personaje con mejores cualidades que al, parecer, mezquino y envidioso marido de Piluca "Calabazas", ¡Dios!, no quiero ni pensar de lo que es capaz la niñita. ¡Por favor, sácalo pronto de la cárcel!

Isabel dijo...

María, qué maravilla de relato, me tienes totalmente enganchada y me resulta, corto, corto cortísimo, pero que bien has metido en la historia al marido de la Piluquita con sus deseos de quitarle el puesto usando el amiguismo que para desgracia nuestra aún no hemos desterrado. Precioso, espero que no tardes mucho en poner el siguiente.

apm dijo...

!Ay Piluca la muy arpia seguro que está detrás de la conspiración, cual venganza personal!... que capítulo más sensacional !impresionante Maria, realmente impresionante!, con la boquita abierta me he quedao, fíjate.
Felicidades hija, es que estás que te sales, pero que te sales, te lo digo de veras.
Me ha encantado el capítulo María, me ha superencantado... por fi, que el noveno venga prontito, que estamos en ascuas

Un besote, uno gordo, gordo gordísimo

Slayer is watching dijo...

Oye, chata ¿para cuándo más? es que me has dejado muy intrigada, que si fuera Fer el que estuviera ahí dentro estaba más tranquila (jodida, pero más calmada) por aquello de que el chaval tiene muchos recursos (ya sé, soy mala), pero este pobre...
En fin, sigue pronto, que me tienes enganchadita perdida.
Un besote!!!

Maria dijo...

CAPÍTULO 9.




Seguimos en Carabanchel.

clavemas dijo...

Excelente! muy bien contado, con mucha sensibilidad al punto que me parece que los estoy viendo. Pero María que cortos se me hacen los capitulillos!! He pensado en llamarles "brevillos", me engancho y zas! aparece: continuará.

Suerte que parece que para el próximo Álvaro sale libre, por fin!!

Azalea dijo...

Jo María,qué tensión, que dramatismo,y qué bien narrado.No puedo por menos que felicitarte y darte las gracias por este relato.A pesar de lo que nos haces sufrir,¡¡UN 10 !!

Slayer is watching dijo...

"Ojalá el cielo esté azul para que yo lo vea mañana"
Se me saltaban las lágrimas al leer este fragmento. Me veía a la cabeza la canción Al alba. Has descrito a la perfección lo que probablemente sienta alguien que está sentenciado, ese desesperado intento por aferrarse a la vida, a lo cotidiano, sabiendo que el tiempo se acaba...
La desesperanza (por la situación) y la esperanza (por la calidad humana de los dos personajes) tan (paradójicamente) juntas y tan brillantemente plasmadas.
María, este capítulo me ha tocado el corazón, lo digo totalmente en serio. Muchas gracias por escribir este relato.
Un besazo.

Fanálvaro dijo...

Muy bien María. Consigues plasmar con mucho realismo y emotividad la crudeza del temido momento que tantos sufrieron en esos tiempos.
Menos mal que "parece" que a Álvaro no le queda mucho para salir...

Bravo por el relato!

mariarm dijo...

Maria, genial. Muy bien.Me ha gustado mucho pero déjame que te diga que sufro una barbaridad... y es que me lo maltratas un montón.
En fin, enhorabuena.
NOTA: sácalo ya de ahí , por favor. (malvadaaaaa..je)

mariarm dijo...

escribí un mensaje pero parece que se perdió en el limbo.
Felicidades y enhorabuena, María.
Está genial. Tan bien perfilados los personajes que parece que estoy viendo las escenas cuando leo tu relato.
Eso sí, sufro una barbaridad viendo cómo maltratas a nuestro personaje favorito.

sacha dijo...

MARIA, solamente puedo decirte que "SUBLIME", ahí lo resumo todo lo que quiero decirte, este relato tan maravilloso y tan cercano a la realidad de lo que había en ese momento y en ese lugar allá por los años que lo describes..

GRACIAS..

pipi dijo...

NO SE VALE MERY,ESTOY SUFFRIENDO UNA BARBARIDAD.......ESO NO QUITA QUE TE DIGA QUE MARAVILLOSAMENTE BIEN CONTADA LA ÚLTIMA NOCHE DE UN CONDENADO A LA PENA CAPITAL...¡EMOCIONANTE! UN BESO.

apm dijo...

!Ay María, que capítulo tan tristísimo por dios!, que penita, que tristeza, que angustía y ansiedad, que dolor y que enorme impotencia con toda la escena. Que bien que nos la has contado, se visualizaba perfectamente esa represión brutal de las cárceles franquistas, con esa última noche de un condenado a muerte... !sin palabras!
Aunque doloroso y tristisimo lo has expresado muy bien María, pero hija !menudo trago más amargo!... a ver si en el próximo capítulo sale un poquito el sol para Alvaro y para Alicia... por fa

Un besote corazón, uno de esos bien gordos... esperando estoy ya impaciente el 10º

isabelmerino dijo...

MARIA, imagino al hombre íntegro, bueno y honesto hundido ante el terrible y último acto que esperaba a su compañero de celda, Diego.
El dolor y el sufrimiento según los psicólogos hacen que afloren con mayor fuerza los sentimientos, el tálamo funciona más rápidamente, permitiendo verbalizar con mayor fluidez los sentimientos ¿nos permitirá ver a Alvaro escribiendo poemas o prosa dirigida a su esposa, mostrando su romanticismo, su sensibilidad?
Por favor, María, haz que el tiempo pase rápidamente, él ya ha sufrido bastante, que salga de ese sitio infecto y que salga con su alma pura, aunque las cicatrices de las heridas sufridas quedarán indelebles en su espíritu, fuera le espera lo que el más quiere, su esposa, su familia y su futuro.

ainhoa dijo...

Pues yo te digo lo mismo María, que me gusta mucho cómo relatas esa pesadilla carcelaria, que fue la de tanta gente. Pero también estoy deseando verlo fuera, para qué te lo voy a negar,a ver si es verdad que lo vas a sacar pronto de ahí.

Isabel dijo...

María - Qué maravilla de relato, me he emocionado leyendo la última noche de Diego y como ambos pasan revista a su vida. Al decir que sería la ultima vez que recibiría la visita de su abogado quieres decir que lo van a soltar? Ya no gustaría. Gracias por tan maravilloso entretenimiento, creo que lo próximo será escribir una novela.

Maria dijo...

GRacias por vuestros comentarios.
Pero no sé porque me decis que el profesor sale pronto de la cárcel. LA trama está empezando, como quien dice.
Queda mucho aún.

elenapita dijo...

gracias maria, es genial el capitulo, mil besazossssssss

Maria dijo...

CAPÍTULO 10.


Ya sé que todos quereis verlo fuera, pero de momento seguimos en Carabanchel.

clavemas dijo...

MARÍAAAAAAAAAAAAAAA!! ¡¡Qué tortura!! Acabo de adivinar tu apellido: es Puerta, ¿verdad?. Vaya crueldad, creo que voy a vomitar la manzana que acabo de comer.
Álvaro convertido en una piltrafa humana, en un lugar tan lóbrego como inmundo y enfermo. NOOOOOOOOOOO!!! Te adelanto que no voy a comprar el libro de esta historia, me recuerda y mucho a "tu primo" Adolfo Puerta y a ese no le trago.

Eres maravillosa relatando el sufrimiento y el dolor humanos, espero que salga, siempre que no muera, claro y que tu sensibilidad describieno amor y ternura sea 1000 veces superior.

GRACIAS POR ESTA HISTORIA!! CHAPÓ!

Fanalvaro. dijo...

Jo María! Qué manera hecerlo y hacernos padecer...
Escribes muy bien y retratas con sumo detalle la realidad de las cárceles franquistas, pero hija mía, sácalo ya de ahí por favor!!!

apm dijo...

!Vaya por dios, seguimos en Carabanchel, y encima mira en qué condiciones!... pues yo, sigo diciendo que es tristisimo el capítulo, aunque, quien duda que refleja la realidad de lo que sucedía entoncés, pero sigue tristisimo... a ver si sale del aislamiento por lo menos y le permiten visitas, hija mia!
El relato está muy bien, refleja la cruda realidad del momento y del lugar !bien María!
Esperemos que en el siguiente capi haya mejoría en la estancia ¿vale?

Un besote de los gordos

Maria dijo...

Bueno, antes de que sigais despellejandome, os diré que no me apellido Puerta, ni nada parecido, pero chicas, que no todo es de color de rosa, que Álvaro estaba en la cárcel por un asunto muy serio y que toca sufrir un poquito.

A ver... que empecé por el final de la historia, y queda claro como termina.
Un poquito de aguante, anda, porque el siguiente capi no sé yo si mejora, eh!

Bueno: me lagro que os guste!

Maria dijo...

Alegro, quise decir alegro.

Y si, vendran capis mejores, mucho mejores, pero aún queda.
Como me han dicho por ahí, pensad que el desenlace será proporcional al sufrimiento.

Isabel dijo...

María cuanto nos haces sufrir, está muy bin escrito, parece que lo estás viendo tal como lo relatas pero que triste, espero que con el ánimo que le han dado el médico y su compañerp Francisco pueda soportarlo

pipi dijo...

Ainsssssss María a escribir noche y día que lo tienes que sacar ¡YA!
Me ha gustado mucho lo bien documentada que estas,sobre todo lo de la luz noche y día ,detalle ciertísimo...

elenapita dijo...

genial, maria, un capitulo de infarto, por fasvor, sacale ya de la carcel y reecuentralo con alicia , tengon unas ganaaaaasssssss

isabelmerino dijo...

MARÍA, este capítulo me ha dejado desgarrado el corazón, el dolor de ver a Alvaro en condiciones tan inhumanas es insoportable, porque insoportable sería ante cualquier ser humano, más aún ante este hombre tan maravilloso que solo hace el bien a unos y a otros, gracias a que tiene un compañero que vela por él. Por favor,María, no le hagas sufrir más, ya se que el relato trata de plasmar la realidad pero me resulta insoportable.

purivilla dijo...

Oye María, una cosa te voy a decir, malo es que los guionistas nos los quitaran de golpe y porrazo, pero es que tú vas por el mismo camino, haz el favor de reunir ya al matrimonio y mostrarlo junto, hombre ya tanto padecimiento.

Slayer is watching dijo...

Genial, María, me parece que estás haciendo una descripción de las cárceles franquistas muy acertada.
Soberbia esa dicotomía de la cárcel:
- Los guardis y su crueldad.
- Los presos y su camaradería y solidaridad.

Otra vez, enhorabuena.

sacha dijo...

MARIA SUBLIME, cómo siempre, excepcional, y muy acertado a lo que sucedía en esa época, y no cambio mucho en los años venideros..

FELICIDADES, me gustaría que saliera pronto, pero verdad es que tienes que tenerlo un tiempo ahí para que se ajuste a la realidad de los hechos.

PLA,PLA,PLAS,

Azalea dijo...

Me partece magnífico el capítulo María,me ha gustado mucho,muy relista y muy bien escrito.A pesar de la tristeza,para mí el mejor.Como se que eres alvarista de pro,supongo que el final y el reencuentro de la pareja los y nos resarcirá de tantos sufrimientos.Chapeau!!

Un grupo de Alvaristas dijo...

Estimada María :
Le agradecemos que haya tomado de nuevo la historia de Alicia y Alvaro, que tanto nos gustó en su día, y que aún seguimos con interés a través de sus narraciones, que tan maravillosamente expone y que nos hace vivir cada momento. ¡Gracias!.
También queremos expresar, con todo nuestro respeto, que nos hubiese gustado que esta historia, que es recordada o contada, lo hubiesen hecho Alicia y Alvaro, rodeados de toda su familia sin la muerte de Alvaro Iniesta, ya que después de tanto sufrimiento, una persona tan buena, con esos principios y en muchas ocasiones tan positiva, tendría que ser la vida algo más generosa con él.
Somos un grupo de Alvaristas y este hecho nos ha producido un cierto desencanto.
Le rogamos de nuevo nos disculpe por ponerlo de manifiesto, pero lo hacemos con todo nuestro respeto.
Estamos deseando ver la felicidad de esta pareja, con Dª Marcela, Pedrito y demás familia...
creemos que se lo merecen, después de tantas penas, ya va siendo hora de que puedan disfrutar de su amor.
Saludos
Un grupo de Alvaristas

Maria dijo...

EStimadas lectoras anónimas:

En primer lugar muchas gracias por vuestras palabras. Me alegro que os guste la historia, de la que todavia quedan muchas cosas por contar.

Al situar la narración a finales de los 80, inevitablemente hay personajes que han desaparecido, es ley de vida. LA forma de contarlo también influye, por los recuerdos de Alicia desde su lecho de muerte, con escenas y capítulos situados tanto en el pasado, como en el presente, en la época actual junto a su familia en general, y nieta Rocío, más en particular.

En este momento, los capítulos están centrados en las circunstancias que vivió el matrimonio después de la ejecución de Fernando, e inevitablemente, son más dramáticos, la pareja está pasando por una crisis, cada uno en el lugar donde está. Aunque es evidente que habrá de todo: momentos mas amargos pero también momentos de felicidad y tranquilidad, en los que se verán disfrutando de lo que tienen.

No olvidemos que se cubren muchos años en esta historia, y no es fácil hacerlo. Aún está a medio escribir y quedan muchas cosas por pulir.

La narración empieza en el primer capítulo con ALicia recordando lo feliz que ha sido con ÁLvaro ;) El modo en el que empieza el relato también determinará el final. Todavía quedan muchas cosas por contar y nuevos personajes que todavía no han aparecido, algunos relacionados con ALicia y su pasado.

ESpero que disfruteis de los siguientes capítulos tanto como yo estoy disfrutando escribiéndolos, y leyendo las opiniones de los que los leen, que me aportan bastante, además de animarme a seguir haciéndolo, aunque a veces me abruma un poco la responsabilidad que me he creado.

Muchas gracias por vuestras palabras. ESpero que no sea el único comentario que pongais aquí.
Un pequeño favor que os pido: no me llameis de 'usted'. Creo que es demasiado formal. :).

¡Muchas gracias a todas!

elenapita dijo...

muy bien explicado maria

Slayer is watching dijo...

Yo encuentro lógico que lo cuentes así. Si fueran delices, comieran perdices y no pasara nada malo... pues no habría historia.
Además a través de esto estamos haciendo una inmersión en las cárceles franquistas y me reulta muy interesante.

Fdo: Una fernandista. ;)

apm dijo...

Maria, elenapita te ha dicho que muy bien explicao, yo, estoy completamente de acuerdo con ella y además, así, en plan castizo te digo !ole, ole y ole!

Un besote para tod@s

Slayer is watching dijo...

Yo quiero leer más... :(

clavemas dijo...

SOCORROOOOOOOOOOOOOOOO!! como se puede ser tan .....???

Se conoce que no has pasado hambre en tu vida!!

Qué mal sabor de boca me ha quedado!!

Anónimo dijo...

prueba

txane dijo...

María: llevo leídos 3 capítulos. Suficientes para comprobar que el amor, el afecto y el cariño no sólo se lo profesan entre si los protagonistas, sino que consigues que lo respire el lector.

No sé si publicaré bien ésto en el sitio correcto...

Maria dijo...

GRacias, Txane!
La culpa es mía, la verdad es que el Blog quedó un poco caótico.
Cosas de ser novata.